Al final

No tenemos nada en comun...

miércoles, septiembre 20, 2006


Nada que no sea cierto, nada que no pueda ocultar bajo mis alas, de mis pasiones soy esclavo, de tus virtudes un condenado, sin comer ni beber, tan solo absorbiendo
tu aliento de espíritu criminal.



Que lo que nos llama no nos dice por nuestros nombres, tan solo nos reconoce por nuestras pestañas, sin tocarnos, sin vernos, probando nuestra piel como camaleones de caza, reptamos la encrucijada de un camino sin nuestra anforita de Talavera.



De lo eterno solo conservo la punta de los dedos, que como diafragmas cristalizados me remontan a momentos en tu infancia flagelada a placeres extraños a tus recuerdos de animal domesticado, atado, destinado a lamer manos.



Si ahora comemos bajo el mismo cielo, tenemos los mismos placeres, que mordemos el mismo cuerpo que una vez deseamos y ahora yace inerte entre nuestras lenguas, buscamos el perdón atrapado entrelineas, en trozos de papel, en la madera de la pared.



Y seguimos siendo el mismo lamento nocturno, penoso y lastimero de un corazón, de un cuerpo inimaginado. Intangible, increíble pero domesticado.