
Tres veces he escrito mi nombre en tu cuello, más de una vez he comido de tu carne, dos noches en tu regazo me quede dormido esperando la eternidad, y me despertó el silencio de tu mirada que sorprendí en mi cuerpo desnudo.
Veinticuatro meses con sus lunas y sus soles, a pan y penas, de vino y carcajadas, creyendo y cayendo en la trampa de tus cabellos, y en mentiras de tus dedos cuando conocen mi cuerpo.
Afuera la eternidad, adentro la inmensidad de los sarcasmos que se alimentan día tras día de un plato sin comida y bebiendo tiempo.
El suspiro de una gota que cae precipitadamente de tu cuerpo huyendo de la toalla para no morir en el intento de permanecer dos centímetros debajo de tus ojos y morir entre tus yemas, y te observo en silencio tras la cortina.
El oro en nuestros dedos… que nos hace permanecer en la misma cama y ver otro amanecer
Veinticuatro meses con sus lunas y sus soles, a pan y penas, de vino y carcajadas, creyendo y cayendo en la trampa de tus cabellos, y en mentiras de tus dedos cuando conocen mi cuerpo.
Afuera la eternidad, adentro la inmensidad de los sarcasmos que se alimentan día tras día de un plato sin comida y bebiendo tiempo.
El suspiro de una gota que cae precipitadamente de tu cuerpo huyendo de la toalla para no morir en el intento de permanecer dos centímetros debajo de tus ojos y morir entre tus yemas, y te observo en silencio tras la cortina.
El oro en nuestros dedos… que nos hace permanecer en la misma cama y ver otro amanecer

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